Argentina





 

Nuestro homenaje a Fabricio Simeoni
Galería virtual de artes visuales de Rosario
   










Profunda tristeza

El día 14 de octubre del 2013 falleció Fabricio Simeoni, querido poeta, filósofo y periodista.

Nuestro homenaje
Continuamos con la presencia de su obra, ya expuesta en el momento de su fallecimiento.

 

 


Cuerpos templados

( sobre la obra “Otra vez Enero”)


Se inaugura el ciclo, las acequias de la sequía contagian el bostezo que va desilachando toda continuidad de la vida, mojada. Se abre el cielo, ya nada precipita tanto como la palabra última puesta en el primer movimiento del cuerpo de la danza que pide más y se endereza, que pide más y se inclina. El  movimiento se apropia de la urticaria que provoca en el cuerpo las palabras de la quietud y su silencio, todo es cuerpo y palabra, cuando a su vez nada es otra cosa que sí misma. Nos arrastramos como gusanos adiestrados al plan terrícola de cansarse ante cualquier desprendimiento. Adheridos a todos las caras de las fisuras. Lo impreso se afina en la tiesura de Febrero, a la distancia  e impide como a una estación detenerse en el estío corporal. Lo expreso asimila el andamiaje de otras temporadas absueltas y todo se conforma por la endeble moderación de otro anegamiento.  Somos lo que percibimos cuando estamos quietos, cuando silenciamos. Somos de nosotros mismos lo que decimos ser, lo que decimos mover, una decisión supeditada a las sombras del cuerpo infinito que contiene su propio desvelo hacia el orden de la finitud.

Fabricio Simeoni



Corrimos descalzos sobre el asfalto

Corrimos descalzos sobre el asfalto, el vapor pudo vulnerar todas esas capas de la piel, desde la planta de los mismos hasta el humus del talón de Aquiles. Todas las siestas de enero olían a bosta. Ese olor penetrante que supera el vidrio sagrado del dormitorio de papá y mamá, yo nunca las dormía. Será por eso que cada paso recalcitrante del caballo que soportaba el peso del carro de la basura, se incrustaba en los tímpanos como aguja en el paño insolente de la fiebre en el pecho.
Los vaivenes anquilosados de la metafísica. Los regocijos estomacales del desamor. Todos sabemos que hay cosas que suceden después de las siestas de verano, como rayos prematuros, lo que anuncia una tormenta. Si al menos hubiese estado la abuela en casa, el destino abortivo de los anagramas tendría un sentido inverso.
Aquellas tardes nos perdíamos en los pozos de agua después de la lluvia y parecía al salir que teníamos los pantalones cagados, pero solo es barro le decíamos a la señora de la esquina que nunca nos devolvía la pelota.
Pocho era de los primeros en pasarnos a buscar, se levantaba temprano, le gustaba tirarle naranjas a los colectivos. Se estrellaban las naranjas en los vidrios como sapos cayendo del cielo, como en esa película. Los colectiveros se bajaban a putear a nadie, porque estábamos apostados en la terraza de Luisito. Pocho nos pasaba a buscar cuando paraba la lluvia y los badenes eran piletones inmundos que a nosotros nos parecían ríos tan anchos como la cintura de una naranja de ombligo.
Una vez nos escapamos hasta circunvalación, a un territorio prohibido, nos fuimos al motel porque Pocho nos había mostrado una revista con chicas desnudas y queríamos ver algo de acción. Caminábamos como expedicionarios que fueran a encontrarse con un secreto. Esos esoterismos escondidos en las páginas prohibidas nos movilizaban. La puerta del motel parecía el ingreso al infinito, a esos pasadizos laberínticos a los que uno no sabe si entrar pero no quiere salir. Esas puertas de la percepción contienen un sesgo inadecuado de incertidumbre. Pero ahí estábamos, agazapados, a la espera de un hallazgo.
Todos sabemos que hay cosas que suceden antes de las siestas de verano, como tormentas pasajeras, las que anuncian la inundación. Un hálito de vergüenza ante la fugacidad en las manos de la vecina que solía desprender su corpiño en los escombros de los ojos, nuestros ojos impávidos. Era como instalar la retina en cada pezón descubierto e intentar vislumbrar el resto de la teta como una conquista hegemónica de la mirada.

Fabricio Simeoni



Obertura ocurrente

a Ana Laura

Un señor que va a cruzar y se arrepiente, al igual que una señora que va a pedir un café, como el chico que no sabe si aunque llueva va a usar los botines nuevos. Nosotros pensamos en torno a las difusas formas que proponen los estereotipos por esmero a desafiar lo lateral que también es pensamiento pero incautado en oriente.
La noche del 31 ella se había brotado como pocas veces en su vida y escuchó no menos de 10 veces”  las camas están que arden”  bajo el efecto de algunas pastillas. Después mató a mi gato de una patada. Un acto hipnótico de galerías improcedentes, la confusión se planteaba en la nicotina. Un sueño perecedero que durara sólo un baño. Yo solo miraba, mi gato no era menos que el de ella. Sus diferencias estaban planteadas en la muerte o en las formas de morir.
Parecía una guerra, la pirotecnia clandestina que compramos en la rotonda a la tardecita con el tío dentista que vino a cocinar el lechón. Todos nos dijimos feliz Año nuevo cuando la medianoche era exacta en los relojes de la ciudad vieja. Fue cuando la bengala se incrustó en el muslo de la pierna derecha de la tía maestra que tuvo que comer sólo ensaladas porque no pudo soportar la forma en la que mataron a un chancho naturalmente  derrotado.
La mujer que vive atrás  perdió el equilibrio ante tanto bullicio y exhibió algodones en sus oídos. Como ofreciéndose a enfrentar el ruido con cierta perspicacia, llevaba una botella de cerveza, una marca de Rufino bajo el brazo, todo estaba bien.  Nada me molestaba, ni siquiera el dolor de la espina del dorado que se clavó el año pasado en mi cuello, eran otros años con más espinas. Mantuvo el pelo mojado y una posición horizontal frente a las cosas que habían llegado tarde.
O sumamos o quitamos personas y la mesa se agranda o se achica según medida. La piedra angular del instinto, una suposición. La mutante conveniencia del veneno, justo a tiempo. La botella explotó despiadada entre sus piernas como en un lenguaje difuso de enlaces predeterminados en lo  que no probamos todavía. Creo que hubiese podido esperar otro diciembre en la misma posición con la que había recibido otro enero.
Un parto convexo en la mirada azul de sus ojos hijos neonatos, afiliados a mi paciencia y desafiliados al último pezón. No hubo más muertes esta noche a pesar de la primicia que nunca llegó a la sección por culpa de su inoportuna ficción de los cuadernos por querer leerlos antes que morder mis labios casi sepultados en el pico de otra botella mesiánica. ¿Cuántas veces más voy a abrir los discos de sus escamas sin sostener  la respiración de acuerdo a la altura?

Fabricio Simeoni





Presión preventiva, prisión arterial

Un mamut de cuerpo foráneo busca un lugar indicado donde asentar su cría, una receta con detalles contraproducentes y el recelo propedéutico de la inmensidad. Romina busca la inmensidad.
Una elección de criterios bidireccionales y la pauta exótica que destruye las posturas del camino paralelo hacia una pierna electrónica que roza la otra y así movía los hombros como dislocada. Me decía que no le gustan las flores y menos en estas ocasiones, que tampoco le gustan los pasacalles y menos cuando el vecino del edificio de enfrente a la altura de su mismo departamento saca todo su chovinismo hasta el balcón de banderas mundiales con tierra, y no hay territorio para el mamut.
La bilocación confunde la bienvenida con las cosas que estaban previstas antes de la fiesta retro y la despedida con una caída del sistema a tracción. Atracción de malestares sublevados en las escuelas de mujeres conformes. Uniformes.
Nunca es demasiada la elongación mientras corra sangre, la sangre. Un disturbio emocional la preserva de una reja acelerada, curvas y rectas son parte de la misma circulación hasta que empezamos a sentir de nuevo un latido extranjerizante que sobreviene al palpito de separar la mano del sexo y terminar al fin.
Romina suda, entiende que le sobra la sal que a otros le falta y un peregrinaje trasunto abominado a cada poro, resulta original para mutilar sus axilas con el desodorante más tumbero, una cuadra armónica y una manzana circunstancial.
Después llegamos. Incendiados como en el receso del agua y aislados en la convergencia de las correntadas. El mamut era muy grande y no cabía en las intenciones de una caja con ventanas traseras sin pararrayo.
Dimos unas vueltas a la redonda y Romina quería otras fricciones, la definición etimológica que coincida con el renombre que geográficamente le habíamos vuelto a poner a esta superficie. Cada vez que le picó una avispa, cada vez que usó mi orín para curarse, cada vez que le volví a prestar atención a sus picaduras.
El mamut encontró el cuerpo.

Fabricio Simeoni









El vino detiene las cosas
porque quiere hacerlas únicas,
los tablones del barniz gitano
nos guarda una mueca para cuando
volvamos a balbucear su ausencia
entre los vidrios  descartables
del sexteto de buenos modales
y la fabricación de sonrisas en serie,
el vino acelera las cosas
porque quiere hacerlas únicas.

Fabricio Simeoni

dos      cosas
un        peine
la rapsodia del cabello
piedras laterales
sube el precio
de los anticonceptivos,
cosas   dos
cine     un
con películas paralelas
y la pleura
soporta la lluvia
sin presagios ni ungüentos,
cuando me pidas
que aleje los labios de la mejilla,
la tercer cosa será un secreto
o el mismo film proyectado
sobre la calvicie.

Después de los títulos
nosinundaronlospelos.

Fabricio Simeoni



La hipérbole superficial de lo penetrable

El transito solía atascarse en la cortada de la mujer visible, eran los triciclos, las bicicletas y las sillas con ruedas además de mis patines, los que desenfrenados salían por las tardes a recorrerla. Hasta la exageración de esquina a esquina olíamos el buñuelo de la vieja tejedora, pero sin pasas decíamos como si algunas intercepciones debiéramos aceptar a cambio de comerlos.
Alguien había mamado antes sus gestos de pecho nunca tan maternos como los que nos abrevaban la oralidad. Imitamos el circuito de la rectitud en la precisión de las velocidades prohibidas. Alguien no pudo frenar a tiempo y el manubrio del triciclo la penetró con a sus calles habían penetrado los otros inmóviles desprovistos de sangre y caramelos de goma.
Así fuimos entrando a la casa indivisible que cortaba en la calle la humedad de los que inventamos en las periferias de las sectas mamarias un mundo de direcciones ambiguas de preámbulos castigados por las marcas del asfalto aniquilado. A ella solíamos verla sin casa.
Sonaban las trompetas coloniales cuando el vicio de la hegemonía se volvía candente ante las miradas privadas de los conductores, nadie más castigó tanto esos moldes geográficos, nadie más pudo hundir en el dedo en la masa.
Su altillo de bucles enhebraba las riadas en nuestras manos precarias y goteadas, siempre pareció haber establecido alguna pauta parental desde la máquina, alisada en los suburbios de la noche córnea.
El símbolo en la igualdad de los motores, un trapecio de ventanas humanas en las bocas abiertas que tocan la luz. Pero de algún modo a alguien debía elegir sin premura ni intemperies. En la clase de alemán me rasgó la espalda, adelantando la propuesta con sus uñas, inculcando en la piel la sigilosa piedra de filo exiliado. Después caminamos otras veredas sin patines.
Me habló de sus pascuas como quien intenta postergar cierta resurrección, aún me seducía estar rezagado, tropezar en cada bache polimorfo con las ruedas alambradas y el cuerpo reclinado en las tierras del desvelo. Conocía su cortada pero no su casa esencial de prototipos vanidosos.
Atravesamos los modernos idiomas y sólo un cartel en un baldío anuncia el final de las mantas, el principio del cuello. Destronamos la maleza del sentido opuesto a las cosas útiles, somos útiles en las carreras.
La llegada era un árbol convertido en rueda que giraba en sentido contrario a la dirección de la cortada y en torno a ella podía inhalarse todo lo que relativiza un giro. Un corte.
El enlace de los pasadizos como un implante de arrugas en la rugosidad del tronco, nos perdimos en la metonimia del duelo desacelerando el ritmo cardíaco del capricho. Una pareja de ancianos ya no discute sobre la existencia de Dios hecho hombre, sólo absorbe del musgo la histeria de una pared bucólica. Fuimos lejos de las calles de las cortadas de la mujer visible.
Patinamos.

                 Fabricio Simeoni




 
Fabricio Simeoni
Nació en Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina), el 3 de marzo de 1974, donde reside.
Es poeta y periodista. Fue codirector de "Los Lanzallamas", revista de arte y literatura.
Colaboró con distintos medios radiales y gráficos entre los que se destacan revista fanzin editorial ciudad gótica, revista boga casa de la poesía municipalidad de Rosario, el fisgón digital, la cofradía del tío Ben y micro de filosofía en radio dos, programa 10 puntos conducido por Luis Novaresio.
Actualmente coordina los talleres literarios de la biblioteca Gastón Gori en Fisherton (Secretaría de Cultura Municipalidad de Rosario), Centro de Permanencia Transitoria (Ministerio de Desarrollo Social) e Instituto de Rehabilitación para Adolescentes de Rosario (Ministerio de Justicia), centro de día Bindu y talleres itinerantes en distintas escuelas entre las que se destaca la escuela 147 (actividad gestionada por Trasband).
Participa en los ciclos de lecturas de poesía de su ciudad. En mayo de 2005 fue declarado artista distinguido de la ciudad de Rosario por su trayectoria poética, literaria y periodística. Dicho reconocimiento fue entregado por el Honorable Consejo Municipal. En diciembre de 2006 fue reconocido artista de la provincia de Santa Fe, título otorgado por la Cámara de Diputados de dicha provincia en homenaje a su trayectoria literaria y periodística.
Obtuvo el primer premio en el concurso de poesía Felipe Aldana de la Editorial Municipal 2007, por su obra “Cavidades del recreo” escrita en forma conjunta con Fernando Marquinez.
Desde el 2006 se encarga de la prensa y difusión de las actividades culturales de la Plaza Cívica (Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe).
Colabora en el Fisgón Digital y en el programa de radio Viaje a Babilonia, radio nacional.

 

Publicaciones

"Cronos"(notas periodísticas, los lanzallamas 2000, declarado de interés municipal)
"Rey Piojo"(poesía, los lanzallamas 2001)
"Calambre de los descensos" (poesía, los lanzallamas 2003)
"Agua Virgen" (poesía, con fotografía de Federico Tinivella, menta producciones 2004)
"Jardines Flotantes" (opúsculo de poesía, Junco y Capuli 2005)
"Sub"(poesía, ciudad gótica 2005)
"Otro Pasto" (poesía, con Federico Tinivella, Orlando Valdez, Miguel Culaciati, Patricio Raffo, editorial Ross 2007)
"Cavidades del recreo" (poesía, en colaboración con Fernando Marquinez, editorial municipalidad de Rosario 2007)
“Alquímica”  cd con música de Fabián Gallardo y las voces de: Darío Grandinetti, Roberto Fontanarrosa, Gustavo Cordera, Silvina Garre, Quique Pesoa, Mónica Alfonso, Carlos Resta, Daniel Querol (www.alquimica.com.ar). 2007

"La mujer de las cortadas" (relatos breves, editorial fundación Ross 2008)
"Episodios del fuego" (poesía, con fotografía de Federico Tinivella y Ariel Subirá, menta producciones 2009)
“El prontuario de la luciérnaga” (poesía, Papeles de Boulevard 2009)
“Masticables” (poesía en colaboración con Federico Tinivella, Fernando Marquínez, Alejandra Ríos, Ivana Simeoni, Liliana Savoia, Daniel Greco, Mabel Díaz y Javier Ventimiglia. Grupo “Como Brea” 2010)
“Libro de filosofía”. Filosofía y prosa poética (El ombú Bonsai, 2011)
“Cuentos Batidos” relatos y cuentos junto a Federico Tinivella (Homo Sapiens, 2012)
"sin corset" (poesía, ciudad gótica 2012)
Antologías: "Los que siguen" (los lanzallamas 2002)- "Dodecaedro de poetas" (edición del concejo deliberante de la ciudad de Rosario 2004)-"Pulpa" (gato grille 2006)- "19 al fondo" (gato grille 2008)-" Poetas del tercer mundo" (ciudad gótica 2008)-  “Texturas” (editorial Municipalidad de Rosario 2009) -"Masticables" (ediciones vuelo de cartón 2010)- "Fin zona urbana" (gato grille 2010)





El flash hermafrodita disgrega la especie
y los heteros divulgan la causa de su receso sexual,
el homo sangra vehicular
la muerte de su alterego
y el bi se regodea en la planicie falsa de una cima accesible.

Todas las poses confluyen en la misma inmensidad,
el mundo se contrae y se dilata según medida.

Finjo estar solo y cuestiono al fotógrafo
que me saco fuera de foco
por si alguien más, rastrea esta condición indeleble.

Fabricio Simeoni




El paradero del fórceps
Desplaza la utilidad del sanitario
Hacia la servidumbre regida por los efectos
Esforzados del feto
Un sanatorio desamparado
Sin las manos intrauterinas
Que le devuelvan al parto
Su impavidez.
La piel rosada desmenuza de la voluntad
Sólo el crecimiento pederasta del correo electrónico.

Fabricio Simeoni






La saliva contigua al antipop
desequilibrada en el ruido escupido
de las salas de acústica entumecida
se duplica en la forma y predice la lentitud
de una cacería demasiado hueca en el baño
corto como el rever que anestesia
la fonética desafinada del hombre que lee
porque no entiende la nota que representa
al último estornudo y la primera toma.

Fabricio Simeoni