Doomsday*


Lijar un mueble es cosa de paciencia.

Tengo estos materiales,

hace días que los usan mis manos:

lija de 90, espátula, removedor,

aguarrás, tinner.

A medida que salen las superficies

reconozco colores superpuestos:

blanco baldío, negro cerrado, gris elefante.

El gris suena a hueco de hospital.

El negro me habla de un hombre viejo.

El blanco baldío es baldío,

dejó su yuyo

en los ligamentos

de la madera.

En algunas partes queda

la madera pura:

un color zapallo

que dan ganas de lamer

o sembrar.

No sé qué madera sea

pero imagino un árbol dorado,

de membrillo.

Este objeto de la casa me habla

desde que empecé la lijada.

No sé bien qué me dice.

Yo recibo su polvillo planeador

y hago dibujos con él

sobre una baldosa.

En las manos me quedan grietas

secas como de laucha,

cuadradas, yemas duras,

músculos trapecios tirantes.


Cuando termino el trabajo del día

me pongo crema de caléndula

y llamo por teléfono a mi amor.

Le cuento cosas inútiles:

que la lijada me dejó doliendo la espalda

que la crema es blanca, huele lindo y calma

que la paciencia sobre los muebles

es una canción con muertos y con árboles

que estoy cansada pero contenta

que todo puede ser posible

mientras el sol brille y él venga.

Si éste fuera el último día del universo

me gustaría irme así.

Analía Giordanino (Santa Fe 1974)